Mis niños. Parte II: Nega e Indy

Mis amigas Nega e Indy están conmigo desde que era pequeña. A Nega me la regalaron cuando yo tenía 7 años (es decir, hace 20) y a Indy me la entregó una conocida de la familia un par de años después. Era de su sobrina pequeña, que había pasado con ella las vacaciones en el pueblo, pero cuando llegó la hora de hacer las maletas y volver a la ciudad, la tortuguita ya no entraba los planes.

No me gusta nada utilizar el término ‘regalar‘ cuando hablo de animales, porque pienso que una vida no se puede comprar ni regalar como un objeto. Comprar un animal significa cosificarlo. Pero lo cierto es que, en ese momento de mi vida, era pequeña y no me daba cuenta de esas cosas. Pensaba que para poder compartir la vida con un animal, era necesario pasar por la tienda de ‘mascotas’. Cuántas cosas se van aprendiendo y madurando con los años…

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Nega e Indy ya son unas veinteañeras y, a pesar de lo que mucha gente pueda pensar, cada una tiene un carácter muy diferente al de la otra. Nega es tranquila, calmada y extremadamente buena. Indy es mucho más movida, más activa y atrevida. Es toda una aventurera. De hecho, por culpa de esta cualidad suya, el último verano nos dio un buen susto. Se escapó del jardincito que les tengo preparado en el chalet del pueblo, en donde pasan los meses de verano, y estuvo una semana desaparecida. Preguntamos a los vecinos, la buscamos por los alrededores, pero nada, no había señales de ella. Me llevé un disgusto tremendo, ya podéis imaginar, y empecé a hacerme a la idea de lo peor. En pleno mes de julio, sin agua ni comida, y con todos los peligros que había ahí fuera para ella…Imagen

Pero casi una semana después, una tarde en la que estábamos sentados junto a la mesa del jardín con mis primos, me pareció escuchar un sonido entre las plantas. Me levanté para ver si era ella, pero no había nada…  Volví a la mesa, ya empezaba a pensar que me estaba obsesionando y escuchando a Indy en todas partes. Continué con la conversación, echanzo un vistazo de vez en cuando al jardín por si acaso. Y entonces, en una de esas miradas, la encontré a ella. Allí estaba ¡¡había vuelto!!

No me lo podía creer ¿cómo había encontrado la forma de volver a casa? ¿cómo había aguantado todo ese tiempo? Daban igual las respuestas: allí estaba :)

¿Alguno de vosotros cuidáis también de alguna tortuga? ¿cuál es vuestra experiencia?

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